Bogotá, Colombia -Edición: 928

 Fecha: Viernes 20-03-2026

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

EL SENDERO DEL DHARMA

 

 

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché.
Lama Sammasati para Latinoamérica.

 

El Círculo de la Paz: Donde Termina el Caos

 

En el complejo teatro de la existencia, solemos gastar una energía inmensa intentando dirigir una obra que no nos pertenece. Miramos hacia afuera, tratando de corregir las ideas de los demás, sufriendo por sus palabras o intentando mitigar las consecuencias de actos ajenos. Sin embargo, la sabiduría búdhica nos ofrece una verdad liberadora: la verdadera paz no nace de controlar el mundo, sino de dominar el pequeño territorio que habita bajo nuestra propia piel.

Este diagrama de control no es solo un mapa psicológico; es la esencia misma del camino Budhista. El Budha enseñó que el sufrimiento surge cuando nuestra voluntad choca contra la realidad de lo que no podemos cambiar. Al entender que las creencias, sentimientos y errores de los demás están fuera de nuestra jurisdicción, soltamos una carga que nunca debimos llevar. Es un acto de humildad reconocer que no somos los arquitectos de las vidas ajenas, sino los guardianes de nuestra propia intención.

El centro del círculo es donde reside nuestro poder. Mis palabras, mi esfuerzo y mi conducta son las únicas herramientas con las que realmente cuento para esculpir mi destino. Un practicante Budhista sabe que, aunque no pueda controlar el viento, siempre puede ajustar sus velas. Al centrarnos en nuestras acciones y sus consecuencias, dejamos de ser víctimas de las circunstancias para convertirnos en protagonistas de nuestra evolución espiritual. La Acción Correcta nace precisamente de este enfoque: es la decisión consciente de actuar con integridad, sin esperar que el resto del mundo valide nuestra virtud.

 

 

Vivir dentro de este círculo de control personal no es egoísmo, es responsabilidad. Cuando dejas de intentar gestionar lo incontrolable, liberas espacio mental para cultivar la compasión y la sabiduría. El budhismo nos invita a esta revolución silenciosa: transformar el mundo transformando primero la única variable sobre la que tenemos soberanía. Al final del día, la libertad no es que el mundo se comporte como queremos, sino que nuestra paz no dependa de su comportamiento. En esa claridad, la naturaleza búdhica florece, permitiéndonos caminar con paso firme entre el caos, sabiendo exactamente qué nos pertenece y qué debemos, con amor, dejar ir.

 

The Circle of Peace: Where Chaos Ends

 

In the complex theater of existence, we often expend immense energy trying to direct a play that does not belong to us. We look outward, attempting to correct the ideas of others, suffering because of their words, or trying to mitigate the consequences of someone else's actions. However, Búdhica wisdom offers us a liberating truth: true peace is not born from controlling the world, but from mastering the small territory that dwells beneath our own skin.

This control diagram is not just a psychological map; it is the very essence of the Budhista path. The Budha taught that suffering arises when our will clashes with the reality of what we cannot change. By

 

 

 

understanding that the beliefs, feelings, and errors of others are outside our jurisdiction, we release a burden we were never meant to carry. It is an act of humility to recognize that we are not the architects of others' lives, but the guardians of our own intention.

 

The center of the circle is where our power resides. My words, my effort, and my conduct are the only tools I truly possess to sculpt my destiny. A Budhista practitioner knows that while they cannot control the wind, they can always adjust their sails. By focusing on our actions and their consequences, we stop being victims of circumstances and become protagonists of our spiritual evolution. Right Action is born precisely from this focus: it is the conscious decision to act with integrity, without expecting the rest of the world to validate our virtue.

Living within this circle of personal control is not selfishness; it is responsibility. When you stop trying to manage the uncontrollable, you free up mental space to cultivate compassion and wisdom. Budhismo invites us to this silent revolution: transforming the world by first transforming the only variable over which we have sovereignty. At the end of the day, freedom is not that the world behaves as we want, but that our peace does not depend on its behavior. In that clarity, the Búdhica nature flourishes, allowing us to walk with a steady step through the chaos, knowing exactly what belongs to us and what we must, with love, let go.

 

Las sustancias y el desarrollo cognitivo

 

 

Por: César Augusto Valencia

 

En las últimas décadas, California se ha consolidado como uno de los epicentros más influyentes del mundo en términos de innovación tecnológica, desarrollo económico y transformación cultural. Sin embargo, junto a esta imagen de progreso, existe otro fenómeno que ha acompañado su evolución: una cultura relativamente abierta hacia el uso de ciertas sustancias psicoactivas, especialmente en contextos creativos y contraculturales. Esta coexistencia ha dado lugar a una pregunta provocadora: ¿existe alguna relación entre el consumo de estas sustancias y el desarrollo cognitivo que impulsa la innovación?

 

California: entre la contracultura y la revolución tecnológica

Desde los años sesenta, California ha sido un laboratorio social donde convergen movimientos culturales, científicos y tecnológicos. En regiones como Silicon Valley, cuna de la revolución digital, han surgido algunas de las empresas más influyentes del planeta. Paralelamente, este entorno ha estado marcado por una apertura hacia experiencias alternativas de conciencia, incluyendo el uso de cannabis y psicodélicos en determinados círculos.

La contracultura californiana promovió valores como la exploración mental, la creatividad y el cuestionamiento de los paradigmas establecidos. Con el tiempo, estos mismos valores se integraron en el ADN de la innovación tecnológica: pensar diferente, romper esquemas y construir nuevas realidades.

¿Puede el consumo de sustancias influir en la creatividad?

Desde una perspectiva científica, algunas investigaciones han sugerido que sustancias como la psilocibina o el LSD pueden alterar temporalmente la dinámica del cerebro, aumentando la conectividad entre regiones que normalmente no interactúan de manera directa. Este fenómeno se ha relacionado con una mayor *flexibilidad cognitiva*, es decir, la capacidad de generar nuevas ideas, asociaciones y soluciones.

En entornos controlados, estos efectos han despertado interés en campos como la psicología, la neurociencia y la creatividad aplicada. No obstante, es importante subrayar que estos resultados no implican necesariamente beneficios sostenidos ni generalizables. La creatividad es un fenómeno complejo que depende de
 

 

 

múltiples factores: educación, experiencia, contexto social y disciplina.

 

Más allá de la correlación: los verdaderos motores del desarrollo.

 

A pesar de las coincidencias culturales, no existe evidencia sólida que permita afirmar que el desarrollo económico y tecnológico de California sea consecuencia directa del consumo de sustancias. Los factores que explican su éxito son ampliamente conocidos: inversión en educación e investigación, atracción de talento global, disponibilidad de capital de riesgo y un ecosistema que favorece el emprendimiento.

 

La narrativa que vincula sustancias y genialidad puede resultar atractiva, pero corre el riesgo de simplificar en exceso procesos profundamente complejos. La innovación no surge de un único estímulo, sino de la interacción entre múltiples dimensiones: cognitivas, sociales, económicas y culturales.

Estados alterados de conciencia y evolución cultural

Más allá del caso específico de California, la relación entre estados alterados de conciencia y desarrollo humano ha sido objeto de reflexión durante décadas. A lo largo de la historia, diversas culturas han utilizado rituales, prácticas meditativas y sustancias naturales como medios para expandir la percepción y reforzar la cohesión social.

Desde las pinturas rupestres hasta las vanguardias artísticas del siglo XX, existe un hilo común: la búsqueda de nuevas formas de interpretar la realidad. En este sentido, los estados alterados de conciencia —independientemente de su origen— pueden haber desempeñado un papel en la evolución simbólica y cultural de la humanidad.

No obstante, atribuir a estos estados un papel determinante en la evolución biológica o en el desarrollo cognitivo global sería una simplificación. La evolución humana ha estado impulsada por factores mucho más amplios, como la cooperación social, el lenguaje, la adaptación ambiental y el desarrollo tecnológico.

Una reflexión abierta

La relación entre sustancias psicoactivas y desarrollo cognitivo se sitúa en una zona gris entre la ciencia, la cultura y la especulación. Si bien ciertos estudios sugieren efectos interesantes sobre la percepción y la creatividad, estos no constituyen una explicación suficiente para fenómenos tan complejos como el progreso económico o la innovación tecnológica.

 

 

Quizá la clave no reside en las sustancias en sí, sino en una característica más profunda del ser humano: su impulso constante por expandir los límites de la mente. Ya sea a través de la ciencia, el arte, la meditación o la tecnología, la historia humana puede entenderse como una exploración continua de nuevas formas de pensar, percibir y crear.

En este contexto, California no sería tanto una excepción, sino una manifestación contemporánea de una tendencia mucho más antigua: la búsqueda incesante de nuevas dimensiones de la experiencia y del conocimiento.

 

 

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