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De volcanes y otros vaticinios

Por: Edgar Cabezas
El
derecho fundamental de ser y estar bien informado, es el derecho
fundamental de la oposición política al gobierno elegido para un mandato
de cuatro años. En consideración, la oposición ha de tener asegurado un
espacio en el espectro electro magnético infrarrojo y ultravioleta con
un canal de la ciencia de la informática y las telecomunicaciones, que,
en materia, la humanidad vaya conquistando y dominando en su proceso
evolutivo: autónomo e independiente.
El conjunto de acontecimientos desarrollados durante el periodo
presidencial entre 2022-2026 amplió el espectro visual con el que las
personas tienen el derecho a ver otra realidad diferente a la del patrón
hegemónico del oligopolio transnacional y privado de la ciencia
informática y su acceso al espectro infrarrojo y ultraviolenta.
De dónde saldrá el héroe que ponga fin a esta oscura visión del mundo en
el que el órgano del volcán madre del Puracé en el macizo colombiano
explote y lance una resonancia explosiva en la cadena de volcanes del
sistema montañoso alto andino de Colombia con sismos que pongan a las
multitudes ciudadanas a temblar si deciden no someterse a la paz.
La autonomía e independencia de la oposición política requiere de
información masiva para la divulgación de sus opiniones, cifras y datos.
La oposición nacional al mundo global unipolar y unilateral que obstruye
la construcción multipolar y multilateral exige que cada una de las
naciones Estado asegure el espectro radio eléctrico para el uso
exclusivo de la oposición y así, tener la visión de otro mundo, de un
mundo paralelo y alternativo que se entrecruza cada vez que en las
democracias los partidos y movimientos políticos se alternan el gobierno
y subsecuentemente, la administración del Estado.
En algunas regiones llueve sobre mojado y está todo saturado de barro en
riesgo de deslizamientos que amenazan remoción en masa de avalanchas que
destruyen asentamientos e infraestructuras. En otras, de manera parcial,
la temperatura ambiente supera los 40 grados Celsius y merma el caudal
de los ríos aéreos y continentales desabasteciendo acueductos,
abrevaderos y riegos.
El volcán, las lluvias la sequía, la discordia, la guerra por la
hegemonía política imperial monolítica y unipolar, el hechizo a la
aniquilación animando la historia con la comparsa que acompaña su feroz
naturaleza, no atemorizan ni meten miedo, porque lo que ha de suceder,
sucede y, mientras no suceda, se debe ir viajando en el desarrollo con
precaución pues el riesgo está garantizado. En verdad, consiste en
evitarlo y si sucede, tener resiliencia para sobrevivir, re existir,
volver a nacer y ampliar la sabiduría para el buen vivir de la opinión
pública.
Respecto del mundo global, la estrategia política es la unidad de las
Américas, el sueño americano de paz y prosperidad continental, eso sé es
el milagro, lo demás, son las promesas falsas de bribones con ínfulas de
salvadores y certeza de ser estafadores y matones. Ellos no se untan las
manos cometiendo genocidios porque tienen fuerzas militares, de policía
y paramilitares para la seguridad privada, matando en todo tiempo y
lugar, haciendo del Estado una máquina homicida que comete genocidios,
cuando la situación lo amerita. Ya se sabe: el ser y su circunstancia en
el universo divino y patriarcal del poder.
Homenaje querido y sincero al regreso
de Inravisión, de la SEÑAL COLOMBIA, la Radio Nacional, Radionica y
demás entidades, al sistema de medios públicos de Colombia, a Holman
Morris y su equipo que inspira la idea utópica de contar con medios
masivos de la informática y las telecomunicaciones que nos permiten
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reconocernos en la diferencia por el amor a la belleza de la vida.
Aprendemos a ser en libertad.
El país cambió para bien del buen sentir pensar.
El campanario en ruinas

Por: Agustín Perozo Barinas
«Traté de escuchar la voz de Dios y trepé al campanario
más alto, pero Dios declaró: "Desciende otra vez, habito entre la
gente"». John Henry Newman
Aribaldes se dirigió a una paradisíaca playa solitaria, en una costa
apartada del litoral sur dominicano, remolcando un kayak para ejercitar
cuerpo, mente y alma, mar adentro.
Mientras preparaba el equipo en la arena sintió la presencia de una
aparición, algo como un viento borrascoso que vino, golpeó y se fue...
como un Alba María.
Se recuperó de aquella impresión tan extraña y empujó el kayak entre las
rompientes olas en la orilla. El cielo y el mar, a lo lejos, borraban el
horizonte, eran ambos en uno. Serían las diez de la mañana... pocas
nubes de algodón, suspendidas como si estuvieron fijas.
Ya en la mar, dominio de pescadores y poetas, empezó a remar, así como
reman los que dominan este movimiento en medio de una soledad que se
confundía con otras soledades que las olas le iban trayendo, una tras
otra, hasta sentir una nostalgia única, inmensa, infinita, que le dio
paz... pero no la paz de los muertos.
Buscaba ese nivel de aislamiento, para reflexionar y meditar, como una
misa en salud. Pero no pudo escapar de la realidad. Entre muros de agua
remó con vigor hasta un lugar donde el oleaje era suave, apenas un
vaivén. Desde allí vio lo que ya conocía, montones de basura plástica
entre los acantilados, lo que no se veía desde tierra adentro.
El daño ambiental es más que evidente en todo el mundo. Solo quienes
tienen el privilegio de vivir en burbujas no ven el real estado de las
cosas. Nuestro planeta, único hogar posible para nuestra supervivencia,
tiene límites en la biósfera. Agua, tierra y aire nos gritan y seguimos
de oídos sordos.
La carrera del crecimiento ilimitado y la supermasiva deuda (que
triplica el tamaño de la economía mundial) que lo sostiene es una
trampa. La tecnología es un cuchillo de doble filo, útil y peligroso al
mismo tiempo. Estamos ciegos, consumiendo las narrativas de las élites
dominantes globales y de los sistemas políticos vasallos con estructuras
en las que los gobiernos mantienen una independencia formal pero
obedecen a esas potencias, a esas élites.
Los conflictos se intensifican por el control hegemónico sobre las
estructuras financieras, las materias primas, las rutas marítimas, los
hidrocarburos, las tierras raras, los fertilizantes, el agua dulce, los
mercados, la tecnología, incluso el espacio... esto apenas comienza. Las
guerras serán cada vez más tecnológicas y mortales. La ley y la justicia
están siendo moldeadas como camisas de fuerza. Los medios y el
entretenimiento cumpliendo cabalmente su tarea. Hasta la línea entre lo
real y lo irreal se está desdibujando. Y seguimos ciegos...
Aribaldes, un ser quijotesco, tenía más de cuatro décadas advirtiendo
sobre esta degradación del hombre y de sus entornos naturales... en su
lucha, agotado, hasta su Dulcinea lo abandonó y quedó, como Penélope,
esperando lo que nunca más regresaría...
Permaneció allí por varias horas bajo un sol inclemente mirando las
gaviotas surcar los cielos y junto al kayak bancos de pequeños peces
plateados zigzagueando a gran velocidad.
En su mente cruzaba la imagen de su pueblo donde lo más visible siempre
fue el campanario, de tonos ocres y paredes de mampostería. No tenía
nada de
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extraordinario que no fuese la importancia que le daba la comunidad.
Simbolizaba para la gente del pueblo una identidad, una comunión de
todos, entre todos, por todos y para todos. Parte de su cultura, su
religión y sus raíces.
Aún no se sabe qué pasó realmente aquella noche tormentosa... muchos
ladridos, truenos y lluvia torrencial. Un calor sofocante y aires muy
húmedos fueron el único aviso previo, tarde en la tarde, cuando la gente
se recoge de sus diarios afanes. Temprano en la mañana siguiente no se
escucharon los habituales campanazos, algo que nunca había sucedido.
Curiosos, muchos fueron a la plaza en el centro del pueblo.
El campanario estaba casi totalmente destruido, las campanas entre los
escombros en la parte superior. En todo el pueblo no había daños excepto
ramas caídas y mucha hojarasca sobre las calles adoquinadas. Se comentó
que fue un rayo. Los viejos del pueblo lo descartaron. Los jóvenes
opinaron que era un armazón viejo y debilitado y cedió ya a los años.
Quizás...
Aribaldes regresó de su recorrido y pensó que otros pueblos también
podrían ver algún día su campanario destruido... como él también vio su
mundo derrumbarse.
Sus compueblanos organizaron un comité con los miembros más respetados
de todo el pueblo para una sola tarea: cómo reconstruir el campanario,
símbolo de todos. Y así lo hicieron.
En la ruta a su hogar Aribaldes escuchó una canción de raíces isleñas
que le traía amargos recuerdos:
https://youtu.be/rUg1kbI3Zqs?si=LVKORLXnyKukX9CC
Y murmuró
para sí mismo: "Un día te prometí que te iba a querer pase lo que pase y
aquí estoy sin ti, solo, pero cumpliendo mi promesa". Pero algo lo
contentó: el campanario ya no estará en ruinas.
Autor de los libros sociopolíticos «La Tríada II» y
«Érase una vez un edén en el Caribe».
EL SENDERO DEL
DHARMA

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché.
Lama Sammasati para Latinoamérica.
El Eterno
Ahora
A menudo pasamos
nuestros días corriendo hacia un horizonte que nunca alcanzamos o
lamentando caminos que ya se han cerrado. Sin embargo, la esencia del
budhismo nos enseña una verdad tan simple como demoledora: el presente
es el único lugar donde realmente ocurre la vida. Debemos cuidar este
instante con una devoción absoluta, porque, en un sentido muy real y
profundo, el presente es el único sitio donde viviremos el resto de
nuestra existencia.
Para el practicante budhista, el tiempo no es una línea recta de
sucesos, sino un punto focal de conciencia. Si nuestra mente está
atrapada en la nostalgia del ayer o en la ansiedad del mañana, estamos
desertando de nuestra propia vida. El Budha nos recordaba que la
iluminación no es un destino lejano sino la cualidad de atención que
ponemos en el aquí y el ahora. Cuidar el presente significa tratar cada
respiración, cada conversación y cada tarea sencilla como un acto
sagrado.
Cuando descuidamos el ahora, estamos construyendo una casa sobre arena
movediza. Las decisiones que tomamos en este segundo son las semillas de
nuestro futuro. Si habitamos el presente con presencia y compasión,
nuestro mañana se cuidará solo. No hay otro lugar a donde ir; siempre es
"ahora". Al despertar a esta realidad, dejamos de sobrevivir para
empezar a vivir de verdad, entendiendo que el hogar que tanto buscamos
siempre ha estado bajo nuestros pies, esperando a que simplemente nos
detengamos y lo miremos con claridad.
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