Bogotá, Colombia -Edición: 989

 Fecha: Domingo 09-08-2026

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

De volcanes y otros vaticinios

 

 

Por: Edgar Cabezas

 

El derecho fundamental de ser y estar bien informado, es el derecho fundamental de la oposición política al gobierno elegido para un mandato de cuatro años. En consideración, la oposición ha de tener asegurado un espacio en el espectro electro magnético infrarrojo y ultravioleta con un canal de la ciencia de la informática y las telecomunicaciones, que, en materia, la humanidad vaya conquistando y dominando en su proceso evolutivo: autónomo e independiente.

El conjunto de acontecimientos desarrollados durante el periodo presidencial entre 2022-2026 amplió el espectro visual con el que las personas tienen el derecho a ver otra realidad diferente a la del patrón hegemónico del oligopolio transnacional y privado de la ciencia informática y su acceso al espectro infrarrojo y ultraviolenta.

De dónde saldrá el héroe que ponga fin a esta oscura visión del mundo en el que el órgano del volcán madre del Puracé en el macizo colombiano explote y lance una resonancia explosiva en la cadena de volcanes del sistema montañoso alto andino de Colombia con sismos que pongan a las multitudes ciudadanas a temblar si deciden no someterse a la paz.

La autonomía e independencia de la oposición política requiere de información masiva para la divulgación de sus opiniones, cifras y datos. La oposición nacional al mundo global unipolar y unilateral que obstruye la construcción multipolar y multilateral exige que cada una de las naciones Estado asegure el espectro radio eléctrico para el uso exclusivo de la oposición y así, tener la visión de otro mundo, de un mundo paralelo y alternativo que se entrecruza cada vez que en las democracias los partidos y movimientos políticos se alternan el gobierno y subsecuentemente, la administración del Estado.

En algunas regiones llueve sobre mojado y está todo saturado de barro en riesgo de deslizamientos que amenazan remoción en masa de avalanchas que destruyen asentamientos e infraestructuras. En otras, de manera parcial, la temperatura ambiente supera los 40 grados Celsius y merma el caudal de los ríos aéreos y continentales desabasteciendo acueductos, abrevaderos y riegos.

El volcán, las lluvias la sequía, la discordia, la guerra por la hegemonía política imperial monolítica y unipolar, el hechizo a la aniquilación animando la historia con la comparsa que acompaña su feroz naturaleza, no atemorizan ni meten miedo, porque lo que ha de suceder, sucede y, mientras no suceda, se debe ir viajando en el desarrollo con precaución pues el riesgo está garantizado. En verdad, consiste en evitarlo y si sucede, tener resiliencia para sobrevivir, re existir, volver a nacer y ampliar la sabiduría para el buen vivir de la opinión pública.

Respecto del mundo global, la estrategia política es la unidad de las Américas, el sueño americano de paz y prosperidad continental, eso sé es el milagro, lo demás, son las promesas falsas de bribones con ínfulas de salvadores y certeza de ser estafadores y matones. Ellos no se untan las manos cometiendo genocidios porque tienen fuerzas militares, de policía y paramilitares para la seguridad privada, matando en todo tiempo y lugar, haciendo del Estado una máquina homicida que comete genocidios, cuando la situación lo amerita. Ya se sabe: el ser y su circunstancia en el universo divino y patriarcal del poder.

 

Homenaje querido y sincero al regreso de Inravisión, de la SEÑAL COLOMBIA, la Radio Nacional, Radionica y demás entidades, al sistema de medios públicos de Colombia, a Holman Morris y su equipo que inspira la idea utópica de contar con medios masivos de la informática y las telecomunicaciones que nos permiten
 

 

 

reconocernos en la diferencia por el amor a la belleza de la vida. Aprendemos a ser en libertad.


El país cambió para bien del buen sentir pensar.

 

El campanario en ruinas

 

 

Por: Agustín Perozo Barinas

 

«Traté de escuchar la voz de Dios y trepé al campanario más alto, pero Dios declaró: "Desciende otra vez, habito entre la gente"». John Henry Newman


Aribaldes se dirigió a una paradisíaca playa solitaria, en una costa apartada del litoral sur dominicano, remolcando un kayak para ejercitar cuerpo, mente y alma, mar adentro.

Mientras preparaba el equipo en la arena sintió la presencia de una aparición, algo como un viento borrascoso que vino, golpeó y se fue... como un Alba María.

Se recuperó de aquella impresión tan extraña y empujó el kayak entre las rompientes olas en la orilla. El cielo y el mar, a lo lejos, borraban el horizonte, eran ambos en uno. Serían las diez de la mañana... pocas nubes de algodón, suspendidas como si estuvieron fijas.

Ya en la mar, dominio de pescadores y poetas, empezó a remar, así como reman los que dominan este movimiento en medio de una soledad que se confundía con otras soledades que las olas le iban trayendo, una tras otra, hasta sentir una nostalgia única, inmensa, infinita, que le dio paz... pero no la paz de los muertos.

Buscaba ese nivel de aislamiento, para reflexionar y meditar, como una misa en salud. Pero no pudo escapar de la realidad. Entre muros de agua remó con vigor hasta un lugar donde el oleaje era suave, apenas un vaivén. Desde allí vio lo que ya conocía, montones de basura plástica entre los acantilados, lo que no se veía desde tierra adentro.

El daño ambiental es más que evidente en todo el mundo. Solo quienes tienen el privilegio de vivir en burbujas no ven el real estado de las cosas. Nuestro planeta, único hogar posible para nuestra supervivencia, tiene límites en la biósfera. Agua, tierra y aire nos gritan y seguimos de oídos sordos.

La carrera del crecimiento ilimitado y la supermasiva deuda (que triplica el tamaño de la economía mundial) que lo sostiene es una trampa. La tecnología es un cuchillo de doble filo, útil y peligroso al mismo tiempo. Estamos ciegos, consumiendo las narrativas de las élites dominantes globales y de los sistemas políticos vasallos con estructuras en las que los gobiernos mantienen una independencia formal pero obedecen a esas potencias, a esas élites.

Los conflictos se intensifican por el control hegemónico sobre las estructuras financieras, las materias primas, las rutas marítimas, los hidrocarburos, las tierras raras, los fertilizantes, el agua dulce, los mercados, la tecnología, incluso el espacio... esto apenas comienza. Las guerras serán cada vez más tecnológicas y mortales. La ley y la justicia están siendo moldeadas como camisas de fuerza. Los medios y el entretenimiento cumpliendo cabalmente su tarea. Hasta la línea entre lo real y lo irreal se está desdibujando. Y seguimos ciegos...

Aribaldes, un ser quijotesco, tenía más de cuatro décadas advirtiendo sobre esta degradación del hombre y de sus entornos naturales... en su lucha, agotado, hasta su Dulcinea lo abandonó y quedó, como Penélope, esperando lo que nunca más regresaría...

Permaneció allí por varias horas bajo un sol inclemente mirando las gaviotas surcar los cielos y junto al kayak bancos de pequeños peces plateados zigzagueando a gran velocidad.

En su mente cruzaba la imagen de su pueblo donde lo más visible siempre fue el campanario, de tonos ocres y paredes de mampostería. No tenía nada de
 

 

 

extraordinario que no fuese la importancia que le daba la comunidad. Simbolizaba para la gente del pueblo una identidad, una comunión de todos, entre todos, por todos y para todos. Parte de su cultura, su religión y sus raíces.


Aún no se sabe qué pasó realmente aquella noche tormentosa... muchos ladridos, truenos y lluvia torrencial. Un calor sofocante y aires muy húmedos fueron el único aviso previo, tarde en la tarde, cuando la gente se recoge de sus diarios afanes. Temprano en la mañana siguiente no se escucharon los habituales campanazos, algo que nunca había sucedido. Curiosos, muchos fueron a la plaza en el centro del pueblo.

El campanario estaba casi totalmente destruido, las campanas entre los escombros en la parte superior. En todo el pueblo no había daños excepto ramas caídas y mucha hojarasca sobre las calles adoquinadas. Se comentó que fue un rayo. Los viejos del pueblo lo descartaron. Los jóvenes opinaron que era un armazón viejo y debilitado y cedió ya a los años. Quizás...


Aribaldes regresó de su recorrido y pensó que otros pueblos también podrían ver algún día su campanario destruido... como él también vio su mundo derrumbarse.

Sus compueblanos organizaron un comité con los miembros más respetados de todo el pueblo para una sola tarea: cómo reconstruir el campanario, símbolo de todos. Y así lo hicieron.

En la ruta a su hogar Aribaldes escuchó una canción de raíces isleñas que le traía amargos recuerdos:

 

https://youtu.be/rUg1kbI3Zqs?si=LVKORLXnyKukX9CC

 

Y murmuró para sí mismo: "Un día te prometí que te iba a querer pase lo que pase y aquí estoy sin ti, solo, pero cumpliendo mi promesa". Pero algo lo contentó: el campanario ya no estará en ruinas.
 

Autor de los libros sociopolíticos «La Tríada II» y «Érase una vez un edén en el Caribe».

 

EL SENDERO DEL DHARMA

 

 

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché.
Lama Sammasati para Latinoamérica.

 

El Eterno Ahora

 

A menudo pasamos nuestros días corriendo hacia un horizonte que nunca alcanzamos o lamentando caminos que ya se han cerrado. Sin embargo, la esencia del budhismo nos enseña una verdad tan simple como demoledora: el presente es el único lugar donde realmente ocurre la vida. Debemos cuidar este instante con una devoción absoluta, porque, en un sentido muy real y profundo, el presente es el único sitio donde viviremos el resto de nuestra existencia.

Para el practicante budhista, el tiempo no es una línea recta de sucesos, sino un punto focal de conciencia. Si nuestra mente está atrapada en la nostalgia del ayer o en la ansiedad del mañana, estamos desertando de nuestra propia vida. El Budha nos recordaba que la iluminación no es un destino lejano sino la cualidad de atención que ponemos en el aquí y el ahora. Cuidar el presente significa tratar cada respiración, cada conversación y cada tarea sencilla como un acto sagrado.

Cuando descuidamos el ahora, estamos construyendo una casa sobre arena movediza. Las decisiones que tomamos en este segundo son las semillas de nuestro futuro. Si habitamos el presente con presencia y compasión, nuestro mañana se cuidará solo. No hay otro lugar a donde ir; siempre es "ahora". Al despertar a esta realidad, dejamos de sobrevivir para empezar a vivir de verdad, entendiendo que el hogar que tanto buscamos siempre ha estado bajo nuestros pies, esperando a que simplemente nos detengamos y lo miremos con claridad.

 

 

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