Bogotá, Colombia -Edición: 1003

 Fecha: Domingo 27-09-2026

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

Impuestos sobre los Escombros: La Empatía Institucional que Colombia Necesita

 

 

Por: Carlos Alberto Morales Soto
Regionet Noticias

 

Cuando un desastre natural sacude una comunidad, la devastación va mucho más allá de los escombros visibles. Tras el pánico inicial de un terremoto, las familias afectadas despiertan ante una realidad implacable: hogares reducidos a ruinas, pérdidas económicas absolutas y un profundo trauma emocional. Sin embargo, en medio de este escenario desolador, la maquinaria burocrática del Estado suele continuar operando como si nada hubiese ocurrido. Para cientos de colombianos cuyas viviendas han sido destruidas o declaradas completamente inhabitables, el cobro continuo de tributos como el impuesto predial representa una paradoja insensible. ¿Resulta justo exigir que un ciudadano pague impuestos por un inmueble que ya no existe?

Esta interrogante plantea un debate ético e institucional inaplazable en la Colombia contemporánea. No se trata en absoluto de incitar al incumplimiento de los deberes tributarios ni de ignorar la importancia del recaudo para las finanzas públicas. La ciudadanía comprende perfectamente que los impuestos sostienen los servicios esenciales e impulsan las obras de infraestructura local. No obstante, la verdadera fortaleza y legitimidad del contrato social radican en la flexibilidad y el sentido humano de las instituciones para responder ante circunstancias de fuerza mayor. Exigir la misma carga tributaria a quien lo ha perdido todo equivale a castigar doblemente a las víctimas de la tragedia.

Para convertir la compasión en un alivio real y transformador, el marco normativo colombiano contempla caminos institucionales claros. Corresponde a las administraciones municipales tomar la iniciativa legislativa y presentar ante sus respectivos concejos los proyectos de acuerdo necesarios. Es precisamente en estas corporaciones locales donde se deben debatir y definir con rigor técnico las exenciones tributarias temporales. Este proceso democrático debe delimitar con claridad la población beneficiaria, fijar los períodos de gracia e instrumentar requisitos justos para garantizar que el alivio llegue verdaderamente a quienes sufrieron la pérdida total o parcial de su patrimonio.

En tiempos de reconstrucción, la política pública tributaria no puede reducirse a meros libros contables ni a frías proyecciones fiscales. Una exoneración temporal del impuesto predial debe concebirse como una herramienta integral dentro de la estrategia de gestión del riesgo y recuperación socioeconómica. Liberar a las familias damnificadas de esta presión financiera les permite destinar sus escasos recursos a la satisfacción de necesidades básicas inmediatas y a la reconstrucción gradual de sus proyectos de vida.

La respuesta de las administraciones ante las catástrofes revela el compromiso social de sus gobernantes. Apoyar a los ciudadanos cuando son vulnerables constituye un imperativo ético y un cimiento fundamental para la cohesión comunitaria. La solidaridad estatal no puede limitarse a discursos oficiales o entregas temporales de suministros de emergencia. Debe expresarse en decisiones administrativas firmes, legales e integrales. Legislar con empatía tributaria es indispensable para que las comunidades golpeadas por la naturaleza no sientan que el propio Estado las abandona entre la incertidumbre y las ruinas.

 

Taxes on the Rubble: The Institutional Empathy Colombia Needs

 

When a natural disaster strikes a community, the devastation extends far beyond the visible debris. After the initial panic of an earthquake subsides, affected families wake up to an unforgiving reality: homes reduced to ruins, total economic loss, and profound emotional trauma. Yet, amid this heartbreaking landscape, the bureaucratic machinery of the state often continues to operate as if nothing had happened. For hundreds of Colombians whose homes have been destroyed or rendered entirely uninhabitable, the ongoing collection of property taxes represents an insensitive paradox. Is it truly fair to demand that a citizen pay taxes on a property that no longer exists?

 

 

 

This question raises an urgent ethical and institutional debate in contemporary Colombia. It is by no means a call to evade tax obligations or to disregard the vital importance of municipal revenue. Citizens fully understand that public funds sustain essential services and drive local infrastructure projects. However, the true strength and legitimacy of the social contract lie in the flexibility and human compassion of public institutions when responding to acts of God. Demanding an unaltered tax burden from individuals who have lost everything amounts to penalizing victims twice for a tragedy completely beyond their control.

To transform genuine compassion into meaningful relief, the Colombian legal framework provides clear institutional pathways. Municipal administrations must take the legislative initiative by drafting and submitting formal tax relief proposals to their respective city councils. It is precisely within these local legislative bodies that temporary tax exemptions should be thoroughly debated and defined. This democratic process must clearly establish eligible beneficiaries, set appropriate grace periods, and implement fair criteria to guarantee that financial aid reaches those who suffered severe structural damage or complete property loss.

In times of disaster recovery, public tax policy cannot be reduced to cold accounting ledgers or rigid financial projections. A temporary exemption from property tax should be viewed as an integral tool within the broader strategy of disaster risk management and socioeconomic restoration. Relieving disaster-stricken families of this immediate financial pressure allows them to direct their scarce resources toward urgent basic needs and the gradual rebuilding of their lives.

The response of local governments during moments of crisis reflects the true commitment of their leaders. Supporting citizens when they are most vulnerable is both an ethical imperative and a cornerstone of community resilience. State solidarity must extend beyond official speeches and emergency supply deliveries. It must manifest in decisive, lawful, and compassionate administrative actions. Legislating with fiscal empathy is essential to ensure that communities struck by natural disasters do not feel abandoned by their own government amid the ruins.

 

Servicios Públicos durante El Niño

 

 

Por: Edgar Cabezas

 

El crecimiento de las ciudades obligó a los gobiernos locales a asumir la responsabilidad de proveer los servicios públicos de agua, luz y saneamiento a la población. Se les clasifica como bienes de uso común y valores colectivos ya que son el producto y el resultado de un proceso histórico vinculado a la reproducción del capital de la industria inmobiliaria y a la creciente dinámica urbanística derivada de problemas asociados a la migración, tanto como a las contradicciones e intereses entre las diferentes manifestaciones del capital, el Estado y el trabajo asalariado.

La tranquilidad y el disfrute de la vida cotidiana están vinculadas con el acceso, uso, disposición final del al agua (acueducto-alcantarillado), la energía domiciliaria, el alumbrado público, el aseo de las vías y espacios públicos, la disposición de residuos sólidos con sus respectivo transporte y relleno sanitario o botadero. De igual manera, están los servicios de telefonía y la red de señal informática y telecomunicaciones, todos ellos, servicios públicos monetizados, sujetos a un contrato tarifario por consumo de litros, kilovatios y cargos fijos.

 

La importancia de los servicios públicos domiciliarios reside en que son generadores del suelo urbanizable y determinantes del nivel y calidad de vida. El servicio público domiciliario de acueducto o de agua potable, es la distribución municipal de agua para consumo humano la cual incluye la conexión, la medición y las actividades de captación de agua, procesamiento, tratamiento, almacenamiento, conducción y transporte.

 

El servicio público domiciliario de alcantarillado comprende la recolección municipal de residuos, principalmente líquidos, por medio de tuberías y conductos, y comprende los procesos de transporte y disposición final de residuos en piscinas de oxidación y plantas de tratamiento que garanticen que posteriormente serán vertidas a un cauce natural, libres de contaminación.

 

 

 

El servicio público domiciliario de aseo, es la recolección municipal de las basuras, desechos, residuos y desperdicios sólidos, naturales o artificiales, con las actividades complementarias de transporte, aprovechamiento y disposición final. El servicio público domiciliario de energía eléctrica consiste en la conducción de energía eléctrica desde las redes regionales de transmisión hasta el domicilio de usuario final, incluida su conexión o acometida y su medición; comprende las actividades complementarias de generación, comercialización, trasformación, interconexión y transmisión.

En la actualidad, los municipios deben de contar con su respectivo plan municipal y departamental de aguas, identificando para los acueductos la localización de bocatomas, tanques de almacenamiento y plantas de tratamiento, y, para las redes de alcantarillado, los sitios de la planta de tratamiento y la disposición final de las aguas servidas. Deben además, establecer sus propios indicadores del caudal promedio captado (lps) en litros por segundo, capacidad instalada de la captación, número de la habitantes y viviendas servidas con agua potable.

Respecto a la cobertura y calidad de las redes de alcantarillado, los municipios deben mostrar expresamente esos valores que incluyen no solo la cobertura de redes, sino también la longitud de las calles con red de alcantarillado y el número de las construcciones al año para así poder garantizar las nuevas licencias de construcción. En cuanto a las basuras, los municipios deben saber proyectar cuántas toneladas/mes generan sus habitantes y tiempo de límite de saturación del relleno sanitario.

La cobertura del servicio domiciliario de energía eléctrica indica la proporción de personas y de viviendas que tienen acceso al servicio, y, en cuanto al alumbrado público, su calidad se determina por el número de manzanas con cobertura.

Para enfrentar el Mega Niño sin que haya disturbio y alteración del orden público, lo recomendable es que las autoridades municipales no tengan que decretar racionamientos y a su vez las poblaciones no tengan que padecer sed, malos olores, calores infernales y noches oscuras.

 

EL SENDERO DEL DHARMA

 

 

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica.

 

La Liberación del Bote de Basura

 

A menudo cargamos con pesos que no nos pertenecen. La ira de alguien, la traición de otro, sus palabras descuidadas: son como basura espiritual, caída sobre el piso limpio de nuestra mente. Nos aferramos a ellas, permitiendo que el residuo emocional se pudra, convencidos de que al preservar el dolor, de alguna manera castigamos al ofensor original. Sin embargo, los únicos que sufrimos el hedor y el desorden somos nosotros.

 

En la profunda sabiduría del Budhismo, aprendemos que el perdón no es un regalo para la persona que nos hirió; es un acto radical de autopurificación. Piénselo de forma sencilla: el perdón es la decisión de sacar la basura que alguien más dejó descuidadamente dentro de ti. Es el equivalente espiritual de vaciar un bote de basura rebosante y maloliente del centro de tu ser.

Este proceso de liberación requiere coraje y la claridad aguda de la introspección, o vipassanā. Debemos reconocer la naturaleza tóxica de aferrarse al resentimiento. Cuando nos negamos a perdonar, le estamos otorgando a la ofensa pasada un poder continuo sobre nuestra paz presente. Estamos dejando que una vieja herida dicte nuestro estado de ánimo futuro.

La verdadera libertad, tal como la enseñó el Budha, comienza cuando te das cuenta de que el único dueño de tu santuario interior eres tú. Recoge la bolsa del resentimiento, átala y deséchala. En ese momento de liberación decisiva, recuperas tu espacio y permites que la luz genuina y pacífica de tu mente despierta finalmente brille sin obstrucciones.

El momento de limpiar es ahora.

 

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