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EDITORIAL
Colombia 2
Constitucionalmente Colombia
es un Estado social de derecho. La constitución política es el
contrato social bajo el cual quedan y están amparadas las
libertades y los derechos, la libertad de elegir y ser elegido,
de opinión, de movilidad, paz y seguridad y los derechos de
salud, educación, alimentación vivienda, vestido, agua potable,
energía y un ambiente sano.
El Estado es el conjunto de instituciones públicas y privadas
que se rigen bajo los parámetros establecidos por las leyes que
autorizaron su creación para el objetivo de satisfacer las
demandas de las multitudes humanas, de los consumidores,
mediante sistemas productivos, que producen, en combinación con
la naturaleza y el trabajo, objetos de consumo que se usan como
bienes de intercambio en el contexto económico del libre mercado.
El concepto de Nación se deriva de la noción de la diversidad
étnica de las poblaciones que habitan sus límites territoriales,
tanto continentales como insulares, de ahí que el contrato
social constitucional prescriba que el territorio con los bienes
públicos que de este forman parte, pertenece a la Nación, es
decir, a los pobladores que lo habitan. Significa, por
consiguiente, que la naturaleza propia de cada región está bajo
la tutela protectora de sus habitantes.
Sobre la superficie terrestre, las profundidades oceánicas y las
fluviales, existe una naturaleza creada a partir de la
influencia de las fuerzas del cosmos en la cual, la luz de la
energía del sol constituye la mayor influencia para la
reproducción de la vida. También, sobre la superficie terrestre
existe un hábitat creador de valores que imita a la naturaleza
para generar vida y productos de consumo que garantizan la
supervivencia de la humanidad desde hace millones de años.
Ese medio creador de valores es el trabajo humano, y le
corresponde al trabajo humano asegurar que cada vez en los
lugares en que ciencia, tecnología y sabiduría tradicional se
apliquen con el propósito de crear los productos que el mercado
ofrece para satisfacer las necesidades aparecidas por la
evolución humana, la naturaleza creada mantenga los activos
naturales preeminentes de la tierra, suelo, agua, aire y
biodiversidad.
El artículo 189 de la Constitución le asigna 28
corresponsabilidades al presidente de la República que tienen
que ver con los asuntos públicos, es decir, aquello que afecta a
todos los ciudadanos, como el gobierno, la política y las leyes.
Dentro de tales correspondencias, le corresponde nombrar y
separar libremente a los ministros del despacho y a los
directores de departamentos administrativos Los ministros y los
directores de departamentos administrativos son los jefes de la
administración en su respectiva dependencia. Bajo la dirección
del presidente de la República, les corresponde a estos formular
las políticas atinentes a su despacho, dirigir la actividad
administrativa y ejecutar la ley, cosa esta que bajo ningún
mandato a la fecha, los diversos gobiernos nacionales han
logrado.
Y no lo han logrado puesto que no han sabido articular la
coordinación, concurrencia, complementariedad y subsidiaridad
administrativa para llegar a los territorios de los municipios,
las comunidades originarias, afrodescendiente y ROM con los
objetivos propuestos que se formulan cada cuatro años en el Plan
Nacional de Desarrollo. Mientras esto no suceda, no habrá
milagro para la patria, no habrá pues más que gruñidos y gemidos
de una manada de incompetentes.

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El derecho al
trabajo o la agonía de vivir en la sombra

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Trabajar no es una obligación de nadie, pero es el quehacer de
los seres humanos para sobrevivir en sociedad. Este deber se
vuelve imperativo porque no somos una sociedad primitiva que
cada uno labora en su entorno y se mantiene a flote con lo que
hay a su alcance.
Con el nacimiento de los imperios quienes están a la cabeza de
ellos crean una red de súbditos para que le sirvan y vivan en su
entorno. Así nace la primera casa y su jefe hace más de 30 mil
años.
El ser humano es igual como individuo en su conjunto, pero no
todos tienen las mismas capacidades e intelecto y esto hace esa
variedad de personalidades y quehaceres en una sociedad actual.
En el pasado no se podían mezclar todos en un mismo sitio por
esa diferencia de condiciones de intelecto y conocimiento. Hoy
por el avance genético y tecnológico estamos casi todos
mezclados en la misma aldea de ciudadanos.
El emprendimiento de cada uno nos obliga a saber elegir nuestro
rol y ubicación en la sociedad de hoy y esto hace que el trabajo
no sea igual que hace cien o más años en la historia. Pero
quienes manejan la cosa pública en ciertas sociedades desconocen
el manejo de esos códigos que regulan la labor de los
trabajadores.
En la actualidad no hay un orden equitativo que permita mantener
el balance y permita a cada uno poder tener la seguridad social
que debería existir en una sociedad evolucionada. Las leyes o
estatutos laborales están lejos de balancear las tres partes a
que corresponde el equilibrio del acuerdo entre las partes.
Las leyes laborales están politizadas y los intereses de los
trabajadores no concuerdan con lo que deberían ser las leyes que
amparen por iguales partes a los que firman el contrato. Y cada
uno jala hasta donde más estire el caucho. Y esto hace que
siempre exista un conflicto entre las partes.
El sistema laboral colombiano hay que rehacerlo de principio a
fin y ubicarlo en tiempo presente para que el establecimiento
asuma la responsabilidad que le corresponde y le dé a ambas
partes las obligaciones que le corresponden independiente el uno
del otro y se logre alcanzar el beneficio que se espera a la
hora del retiro.
La situación que se vive en Colombia por el Código del Trabajo
es penosa para los trabajadores y el sistema laboral. Es casi
imposible celebrar contratos a término definido o indefinido por
todas esas arandelas que lleva de obligaciones para el
empresario y que no le permite crecer sanamente, porque el
establecimiento evade responsabilidades que le corresponde y
prestación de servicios dejando al trabajador a la intemperie y
obligándolo a convertirse en microempresario para poder
subsistir.
En la actualidad hay millones de personas trabajando bajo su
propia responsabilidad y sin ningún beneficio a futuro. La
corrupción navega por estas aguas eludiendo compromisos que ha
creado al estado y que al final hacen más daños en términos
generales.
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Qué lee Gardeazábal
EL TERCER AMOR
de Hiromi Kawakami
Editada por Alfaguara
Audio:
https://youtu.be/Pw34rDqAvVA
Hacer novela sobre lo cotidiano que resulta ser un matrimonio en
donde la novia nunca conoció ni amó en su adolescencia a otro
hombre y su marido es un tipo buen mozo, bien colocado pero
proclive a enamorarse una y otra vez de mujeres más fuertes o
más adineradas que él, sin dejar de ser el esposo cumplidor, que
llega todas las tardes de su trabajo a seguir la misma rutina,
puede resultar siendo un libro aburridor, sin tensión y sin
arandelas que resalten a los dos personajes.
Mucho más si el hogar de esta pareja es la casa de los padres de
la novia, y nunca se describen mas que como una sombra presente
en las siempre reducidas dimensiones de una casa japonesa de
clase media.
Pero la Kawakami, mujer hoy de 68 años, premiada y vuelta a
premiar con las preseas más valiosas de la literatura asiática y
japonesa, consigue en esta novela mezclar narración viva y
presencial con las experiencias adquiridas en los sueños,
remontadas en los tiempos casi hasta la edad media.
Como son tres sueños distintos. Como ella conoce las amantes de
su marido (una de ellas es la maestra que la ingresa al dominio
del koto). Como a ninguna enfrenta, y todo parece pasar con
resignación oriental, ella se desborda en amor inacabable por su
marido y después en soñar dormida, ejerciendo en situaciones que
han vivido personajes de la nobleza nipona o mujeres insaciables
que estudian y se profesionalizan en la prostitución en las
casas de te.
Todo ello narrado como intermedio del relato de su vida diaria
en el hogar hasta alcanzar un culmen que no se torna jamás como
el final de nada. Para enlazar la vida monótona que lleva con su
marido, y después con el hijo único que tienen, la autora le
inventa a la narración central la amistad de un conserje anciano
del colegio donde a ella la educan y haciéndolo aparecer de
cuando en cuando termina volviéndolo como el motor de la vida
que sueña estar viviendo, jugueteando con la posibilidad de la
reencarnación, del animismo o de lo que finalmente el lector
califica como un amor platónico por un sabio senil.
Entender toda esta doble trama no es fácil. Unirse al carro de
las tradiciones de los hogares japoneses y al trato sometido que
los varones le dan a las mujeres, menos para nuestra cultura
occidental, pero como todo está narrado con gran finura, sin
escapar ningún detalle, el libro se vuelve obligatorio
terminarlo aunque provoca muchas veces saltarse los relatos de
los sueños y seguir con lo cotidiano de ese hogar.
El porce, junio 27 del 2026.

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